Seleccionar página

De olores y colores.

Podrían ser las tres erguidas columnas de Itálica las que sostienen como ya lo hicieron en tiempos de imperio el poder de convicción y el peso de la evidencia artística de Ana Martínez Porro, creadora multidisciplinar, elocuente en forma y fondo tanto en su faceta de creadora plástica, dentro del campo de la pintura, como en la fotografía y el vídeo, contextos en los que respira y pasea con la naturalidad del que se alimenta del arte propio y ajeno.

La visión colorista de la ruina y el torso nos devuelve una imagen completa de grandeza arquitectónica y de expresión luminosa en un sencillo cuerpo descabezado que respira en la luz.

Es en otra de las diferentes caras que forman el poliédrico rostro de la artista por donde orbita el cuerpo de la autora, es ahí donde transcurre su particular aurora De luces y sombras de albero, la representación limpia de una lucha ancestral, el escape a una pasión antigua de fiera y hombre.

Ana Martínez Porro se expone y está al quite de esa bravura de color que le arremete cuando se enfrenta con tenso nervio a lo infinito vacío, previo estado de creación casi inmediata… suponemos que observa, que nos observa  a través de Ventanas, artísticas ventanas que ella abre o cierra al gusto, aderezando así su hirviente cocina de ideas, colores y estructuras, ventanas por donde ella, como cualquiera de nosotros quizá entremos o salgamos buscando el fin, simplificando nuestra expresión, anhelando una afirmación y un sentido a nuestro yo, dibujando casi sin querer o creyendo dibujar nuestros retratos,  Autorretratos con máscara… artista, hombre, caras, poliedro… todo vuelve y se reinventa, Itálica, Luces, Ventanas, Máscaras.

Paseen, miren  y respiren por la sala como por un jardín, aromatizado de olores y colores, de posibilidades enormes de expresión y conclusiones particulares, cuadros como flores y flores que sustentan cuadros, cuadros de una mujer-artista que nos engulle en la exuberante  frondosidad en El Jardín de Elena,  un edén de lluvias verdes y vientos de textura tricolor.

Olores de remotas ruinas, a tradición vestida de luces, a rumor de ventanas casi abiertas. Olor a máscara y rostro. De olor a pétalo y polen. Y color.

Joaquín Calderón